lunes, 9 de noviembre de 2009

Engendrando el odio

De que se compone un mal dia?. Para Flavio las respuestas llegaron todas juntas. De golpe. Huracan de calamadidades llegando a su lóbrego puerto. Mientras era esposado por el guardia urbano, miraba su retrovisor interno y desgranaba su negra jornada.

Comenzó con el despertador hardcoreando furibundo en sus oidos. Sonido desgarrador que alejó velozmente la tranquilidad de su REM. Por segundos trató de hacer caso omiso a la puta sinfonía del aberno (¡¡ring ring, ring ring, despierta conchetumadre!!). Tan solo imaginar la cara de su fucking boss provocó que se convierta en Lázaro y se reincorpore a la vida. Todavía dormido y legañento se metió a la ducha, murmurando quejas y vulgaridades. Ocasionalemente el mismo butano que eliminó a Silvia Plath, se hace humo y lo deja luchando cuerpo a cuerpo con un vendaval de agua helada. Invierno, frio y rabia se cuela por sus huesos.

La hora avanzaba intransigentemente. Ante la ausencia del gas, el café tuvo que ser tíbio al microondas acompañado de palidas y duras tostadas. Como la muerte misma. El azúcar amargaba con su ausencia. La oscura nicotina, del primer Ducado del día, inundó sus pulmones. Por lo menos quedaban cigarrillos. De pronto su rostro se nubló. ¿Cuando le haría frente al borracho de su vecino?. Fue otra noche más aguantando que ese cretino, esté vomitando sandeces desde su ventana. "Me cago en la puta, en todo. Ratas, sudacas y moros, soy unas ratas. No sois más que mierda ensuciando mi tierra. Os voy a matar a todos". Cuando no declamaba balsfemias rascistas en contra del mundo, era su mujer la que pagaba los platos rotos. Golpes, humillaciones y gritos. "A veces el infierno es un podrido arcoiris y todos sufrimos en diferentes colores. Ya lo encontraré en el ascensor para arrancarle la cabeza", cavilaba Flavio mientras salía de su piso.

El metro, que en Barcelona nunca falla, rompe el status quo y tarda 20 minutos en pasar. La ley de Murphy se revelaba contra su destino. Entregado, llega a la estación de trenes. Aborda el de las 9:17. Inevitablemnte llegará al curro con 18 minutos de retraso. Un gris comienzo de dia que anticipaba la fatigosa jornada que le esperaba.

Al llegar, no es de extrañar que sus compañeros no crean su coartada. Coherente: "le creemos a Flavio o al infalible sistema de transporte metropolitano". Saluda a todo el mundo. Un tupido bosque de hipócritas sonrisas lo recibe. Unas siniestras ganas de talar esas caritas a golpes, invade su mente.

Su jefe ni lo mira. Sabe que la reprimenda, de este ex militar ecuatoriano, llegará tarde o temprano. No caben excusas en su imaginario, Flavio está al tanto y asume el rosario de hostilidades que le aguarda. es una de las muchas desventajas de ser un trabajador ilegal en Barcelona. No poder hacer frente a un cretino déspota como aquel. Acumulando kilos de basura e impotencia en la nevera de su subconciente.

Pedro, su jefe lo tuvo entre ceja y ceja desde un comienzo. Una razón congruente para este odio no existía. Al principio, Flavió no sabía porqué lo había aceptado en el empleo. Con el pasar del tiempo se dió cuenta que el Boss necesitaba de un alma callada para satisfacer al tirano que llevaba dentro. Durante casi un mes no le dió un dia libre. Mientras algunos de la plantilla gozaban de dos dias a la semana. Trabajando doce horas diarias pésimamente remunerdas. "Bueno pues Flavio, ¿no queria trabajar en España?, pues aproveche la oportunidad que le estoy dando", le espetó el dia que el muchacho manifestó su enojo. No comprendía que necesidad tenía Pedro de comportarse así. Ambos venian de la misma parte del mundo. La génesis de sus experiencias como inmigrante era parecida. "Tal vez la vida trató muy mal al jefe, y quiere compartir algo de su miserable mierda conmigo", pensaba para si.

Pronto llegaron los clientes. Un plaza de juegos infantiles, en un dia de fiesta, podía ser un agobiante calvario mental. Flavio Controlaba dos atracciones: un gigantesco elefante inflable y las camas elásticas. Debía repartir su atención a dos bandas, cortar los tiquets, velar por la seguridad de los niños y controlar que todo marche bien. Pese a sonar fácil, era a ratos un stressante hervidero.Vigilar un par de niños no es dificil, claro que poner atención en 29 infantes, saltando de aca para allá, era otra cosa. Las madres charlaban, reían, fumaban; olvidándose a ratos de sus lúdicos retoños.

-Fin del tiempo chicos, fuera por favor- algunos niños, se negaban a abondanar las camas elásticas. Pataletas y gritos, se convertían en el karma de Flavio- señora le puede decir a su hijo que su tiempo se ha acabado.

Trataba de tomárselo con soda. Comprendía que erán niños. Lo que le indignaba y le sulfuraba el alma, era la indiferencia de algunas madres hacía la situación. Era como si el móvíl las hubiese onibulado. Abducidas completamente por la conversación. Tal vez creían que Flavio no solo cortaba los tickets, sino que también era una suerte de niñero. Para colmo, cada vez que ocurría una escena similar, Pedro le espetaba: "Flavio, a usted le falta carácter. No deje que los niños jueguen con usted"

-Pues porque no coge ese manual de psicologia infantil y se lo entuba por el culo jefecito- crudo pensamiento que retumbaba en el interior de su cabeza.

La hora de colación era un oasis de serenidad. Aunque está vez duraría 20 minutos menos. Según el jefe, ya había consumido tiempo debido al retraso. Caminó hasta el bar más cercano y pidió un económico bocadillo de queso con pan tomate. Un agua fría y a seguir la execrable rutina.

El día se hace eterno. Comienzan a aparecer centenares de inquietos menores. Un sábado de fin de mes, puede ser un atronador calvario. Filas y filas de niños esperando su turno. Pareciera que los padres se pusieron de acuerdo para sacar a todos sus hijos a la calle. Cada vez que miraba hacía la caseta del jefe, se encontraba con los escrutadores ojos de Pedro. Buscando cualquier detalle para regañarlo. Llega un momento en que el cansancio mental, fisico y emocional; se alían para combustionar el infierno. Todos los males de Flavio convergiendo en su cabeza. Sintiendo una macabra fatiga que raspaba su mente. Un frio odio empezaba a contaminarlo, a engendrarse en su ser. Rabia contra el mundo, contra su presente, hacia su destino. Un sentimiento verdadero, embriagador y oscuro.

(continuará...)

domingo, 18 de octubre de 2009

El incandescente hombre resaca

...

El embrujo de la baja categoría del Ron, iluminó mi sucio foco. Aún encendía el cabroncete. Mientras The clash seguía sonando por mis cascos, traté de alzar la vista e incorporarme a este extraño lugar llamado vida. Dolor, angustia, sed y resaca. Esto, más kilos y kilos de arena. Arena en mi culo. Arena en mis rodillas. Arena en mi cara. Pequeñas particulas de tierra repartidas por todo mi cuerpo. Los restos de sodoma y gomorra en mis cayumbos. Piedrecillas adheridas por aquí y por allá. Como putos políticos al poder. O mejor dicho, como moscas a la miel -aun era muy temprano para pensar en esos calamitosos entes-. Me exhumé de la arena, tratando de abrir mis ojos.

Lo primeró que pensé fue en mis escasas pertenencias. No quería desilucionar a algún cándido ladronzuelo, que osace robar mi pelada billetera. Los críticos tiempos no están para engañar a la gente. Por primera vez me alegraba de no tener móvil.Todo en su lugar. Incluso tenía una lata de birrita olvidada en el bolso. Unico vestigio de la frénetica noche. Como nada es perfecto en la vida, la cerveza estaba caliente. El liquido ardía para envidia de cualquier esquimal deshidratado.

Lo curioso es que ya no estaba solo. Cientos y cientos de personas me rodeaban. La ola no sólo arrojó cervezas calientes, sino que tambíen a un sinnúmero de bañistas. Niños con paletas, señoras con libros, hombres fumando, paquis beer y una gran cantidad de exuberantes CHICAS tomando el sol. Dios mio, que hembras ("porque uno se acuerda de dios en estos momentos"). Pieles tersas, suaves, doradas; gritándole al mundo que sí existen monumentos reales -o algo por el estilo-. Rubias, morenas, pelirojas, una que otra con el pelo azulado, etc. Mis dilatas pupilas se regocijaban ante el espectáculo. Ellas, devorando todos los pinches rayos UV, por esos celestiales cuerpos. Todo esto mientras el puto infierno ardía, la crisis económica empeoraba y uno que otro pájaro caían insolado.

La mayoría de ellas haciendo topples. Una verdadera exhibición de senos. Algunos grandes, otros pequeños, más blancos, ergidos, caídos, tostados, unos tantos arrugados, majestuosos, nimios; etc. Extrañamente, el carnaval de tetas que presenciaban mis obnubilados ojos, no me llamó tanto la atención. En comparación a la fascinación que me provoca un lindo escote.

Entre tanta alegría me refregué el rostro para despavilar. Dolor, ardor, delirio. POR LA MADRE DE TODAS LAS PODRIDAS MIERDAS, ¡como me dolía la cara!. Como si me hubiese afeitado con una plancha. Los hombros y los brazos también daban problemas. Para que decir mis pobres piernas (por suerte aquellas partes estaban guardadas con recelo). Ardía mi cuerpo entero. como una insignificante pulga rostizandose en el asfalto. Incluso me acordé de Juana de Arco -ella tampoco llevaba bronceador cuando la enviarón a la hoguera-. Pensé en todas las veces que, para ligar, pedí fuego e incluso en la ocasión que se incendió mi casa. Por un segundo temí por el estado de mi alma. Aliviado recordé que la había perdido jugando al poker con Belcebú.

¡Agua, agua!, exclamé para dentro. Lo único que tenía era una cerveza caliente. Para peor me quedé dormido con los brazos cruzados, por lo que se había formado un coqueto bronceado. Casi surrealista. Era la puta Jaiva humana. Perece que me había caído de la parrilla. Y continuaba siendo devorado por una abrazador sol. Me recordaba lo insignificante que somos. Adios reloj, adios zapatillas y bolso. Necesitaba sumergirme urgentemente, antes que me evaporara en la arena.

Las chicas ya no importaban. De mi dignidad: migajas. Al carecer de un bañador convencional, disimuladamente, me lancé en mis humildes zungas blancas. El triste espectáculo no importaba. Para mi suerte el alcohol continuaba viajando, desenfrenado, por mis tostadas venas. Minimizaba el bochorno.

-Mar mio, abrázame con tu refrescante agua salada. Apaga a esta braza humana que viene a tu encuentro-, cavilé.

Eramos uno solo. Líquido y yo. El mediterráneo me volvía a acoger en su azulado manto. Los kilos y kilos de basura inorgánica arrojada a sus aguas ya no me importaban. Los centenares de bolsas del plástico, que flotaban perdidas a la deriva, eran solo un mito. Ya nada era real. Ni siquiera la mierda. Tratada una y mil veces en modernas instalaciones, para ser escupida al agua. Solo yo y ella. En los brazos del poseídon bailando un lento cha cha cha.

Una insolente ola me volvió a la tierra -Literalmente-. Me samarreó una y mil veces hasta dejarme sentado y confundido en la orilla. Ya conocía el sentimiento de unos boxers cagados, al ser arrojados a la lavadora. Tragué mil condenados litros de agua salada. Y sabía peor que tequila de puticlub.

Aunque ya estaba refrescado. Mi incandescente cuerpo aun dolía, pero menos. Me largo de este lugar. Me vestí, tratando de no mirar a la peña, que continuaba el ritual de la fotosíntesís. Mucho mar por hoy. Tal vez construya una playa. Total me llevo tonelas de arena en mis calzoncillos.

¿Y como sabe el agua?, salada. Seguro ella se llevó toda su dulzura. Siempre es por ella.

¿Y por qué demonios se me ocurrió dormir en la playa?.


jueves, 10 de septiembre de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Duro



6:30 am. Nuevamente duro. Otros fugaces cien pavos que se me esfuman. Lo que nace como una juguetona insinuación al desorden, concluye con la peña rumbo al patíbulo de los morosos. Todo sea por seguir jalando. Y el traficante hijo de puta, con su
arrogancia chula. Pensando que nos hace un misericordioso favor. Le engordamos los bolsillos mientras nos folla por los nasos. Le arrancaría el corazón. Lo arrojaría a los perros. Aunque antes le esnifaría toda la coca que posee.

Ya soy un triste vicioso colgado. ¿Quien lo diría?. Piensas que nunca te pasaría. Te ries de los pobres angustiados. Su condecendencia, su pobreza de espíritu. Rogando con esos faloperos ojitos desesperados, que les pares unas lineas. Clamando misericordia, mientras una gota en la frente exuda adrenalina. Ya soy de la misma tribu. Los motivos no importan. Para todos es el mismo caldo de cultivo: Deudas, amor, frustraciones, ocio; vida. Las culpas del infierno son homogenas para los que nos rostizamos. Por mas que reneguemos, cualquier desliz nos puede precipitar al averno. El blanco escape. Mi karma. Mi mierda.

-Yo ya le debo, pero tu no, seguro que te fia.
-El 15 te paso 25.
-Tengo para empeñar mi móvil.


Fétidos peos encerrados en una frustrante bolsa. Mentiras falaces por una ídem. Un gramo, un medio, una escuálida linea. Hasta una nimia punta me sirve. Evadir, olvidar. Molido placebo. Que no se acabe la noche. Por mas que las palabras sobren y
el dinero escaseé. Atribulado y decidido emprendo la marcha hacia el gólgota. Aspirando latigasos. Fustigando mis sueños. Hasta un zombie de videoconsola tiene mas metas. Ya ni sé en que estoy convertido. Pero tengo claro en que quiero convertir lo que poseo.

Recuerdo la primera vez que la cocaína llegó a mi vida. Por ese entonces pensaba que era un vicio propio de las películas gringas. Me parecia un mito lejano e infecto, más que un vicio adictivo y excitante. Pablo Escobar no era más que un peculiar guión de Hollywood, agrandado por la vetusta tv de mi abuelo. Un sujeto irreal que nunca afectaría a mi, ni a los mios. Hasta que mi primo Rudy, nos comentó del tema. En ese tiempo estudiaba leyes y era el orgullo de la familia. Yo a mis incensatos 15
años, lo miraba como un ejemplo. Tenia una hermosa chica, una brilante moto y estudiaba en la universidad. Todo lo que yo anhelaba en esta puta vida. Un día nos comentó de sus jergas con sus compañeros de "Uni". Bebiendo whisky "del bueno",
jugando poker y jalando "la puta mierda más buena del universo".

Gracias al paladín de mi primo, comenzaba a idealizar el veneno que me está matando. Si lo hacía Rudy, que era el puto amo, debería ser una pasada.

En un comienzo, no me sedujo tanto la idea. Hasta ese fatídico cumpleaños del Pedro. Ya tenía 19 años. Por muy bien que se te den las cosas, basta solo un pequeño impulso para elevarte hasta explotar contra el techo. Ni sé lo que me motivó para
acompañar a Drago y Shotta al lavabo. Yo sabía a lo que iban. Estaba al tanto de los movidas de Drago. Estaba nervioso, pero decidido. Tal ves buscaba emociones nuevas, más fuertes. Inhalé dos lineas que me dejarón eufórico. No podía creer lo que
estaba viviendo. Me sentía en la cima. Mi mandíbula era de acero. Un pseudo Mike Tyson, antes de sucumbir ante James "Buster" Douglas. Pese a que no podia hilvanar palabras, en mi interior tronaban adrenalínicos caballos salvajes. Comenzaba una nueva era donde yo sería el que dominaria mis anhelos. La noche concluyó con Shotta en urgencias. Un síncope cardíaco. No quise acompañarlo, la mierda blanca estaba muy buena para perder el tiempo en hospitales. Shotta nunca más volvió a meterse droga.
Su vida cambió desde ese dia. La mia comenzaba a dejar de ser vida.

Los temblores y las dificultades para hablar, fueron característicos en mi rutina de falopero. Lo que provocaba carcajadas en algunos pelotudos. "Este cabrón jala y se queda en mute". Mientras yo quedaba ensimismado mandibuleando, otros no los hacía
callar ni el diablo. Disparaban atolondradas palabras, con el solo fin de fastidiar el silencio. Siempre eran grandes proezas sin sentido. Era extraño, como si un espíritu se apoderara de sus lenguas. Bla bla bla, metrallentas humeantes de
incoherencias. Otros hacíamos muecas. Nervios duros pensando quien ofrecería otro saque.

Algunos dejabamos el vicio de lado. Pero siempre volvíamos a recaer. Débiles fantasmas corroídos por la realidad. Cuando empecé a trabajar de mañanas, las noches ya no eran las mismas. Decidí alejarme un rato de las malas juntas. Conocí una guapa
muchacha y traté de rectificar mi destino. Todo marchaba sobre ruedas. Esporádicamente y solo en mis dias de fiestas, me aplicaba unos fierrazos. La vida me sonreía. Podía snifar, amar y deleitarme con materialistas objetos sin vida. No aproveché mi racha y seguí pelando a la contra.

Perdí el curro. Una puta reducción de personal acabó con el que más tarde llegaba. Pensé volver a pararme, pero ahora fue mi chica la que me dió el tiro de gracia. No la culpo. Agotada de mis noches de jerga y de mi indiferencia hacia el futuro; me
abandonó una fria tarde de diciembre. Con lágrimas en los ojos me dijo que ya no había vuelta atrás. Algo se trizó en mi alma y la dejé ir resignandome a mi desdicha. Quedé como un famélico cachorro al borde de la carretera. "Mas de un buen hombre ha terminado en el garete por culpa de una hembra". Yo no era un buen hombre, aunque igual me precipité a los infiernos.

Herido y sin mayores anhelos, comencé a trabajar en turno nocturno. No pasó mucho tiempo antes de conocer un colombiano que traía mierda de primera mano. En efecto, volvía a las pistas. La falopa estaba exquisita. Hacía tal combustión en mi cabeza,
que poco a poco agrietó mi espíritu. Tan solo pensaba en otro saque, y otro y otro...

Cercené mis ahorros. Las noches continuáron desenfrenadas. Y Recién hoy lo medito.

Ya es hora de volver a casa. Aprieto los dientes, mientras le doy vuelta a la llave. No quiero despertar a la casera. Le debo casi dos meses. Sin darme cuenta inhalé casi todo mi sueldo. Novecientos putos euros bajando por mis conductos internos. Llegando al estómago. Arcadas, vómito, tristeza. Ya no llego ni a la quincena. Lejano horizonte. Montañas de falopa me nublan la vista. Perniciosa jungla de
cristales, Alitas de mosca o simplemente albinas pastillas molidas (el mas cretino placebo). Adios al consumismo de almacenes. Ahora el consumo es el que me consume. Incluso ya estoy tirando mis bienes a la balanza. El materialismo se ha
minimizado a un cretino polvo. Poseido por el demonio blanco comienzo a contar los clavos del techo. Ruego para que un mosquito me dé batalla. Buscando pleitos en la oscuridad, para no tener nada claro. Ya ni mi sangre valoran.

Quiero bajar pero no puedo. Esta ves si estaba buena. No como esa mierda del otro día. Hasta el raspado de muro es mas eficaz. A veces le doy mi dinero a carroñas más podridas que la presa. Y el tiempo sigue pasando irrevocablemnte por dentro y fuera de mis narices.



Pabloshka.

lunes, 17 de agosto de 2009

Cronicas de un camarero hedonista: La Sonrisa



Desde que se abre esa ruidosa cortina metálica, la faena comienza al toque. Rápidamente, como la primera hostia que me gané cuando niño en el cole. Un ruido de tacos me alerta de un cliente: una faraona virtuosamente maquillada. Su suave perfume minimizaría cualquier pradera Suiza (iluso, como si conociera alguna). Con una celestial voz me pide un "cafe ams llet,descafeinat de máquina". Vuelo por la barra para preparar la mejor obra descafeinada de mi vida. No salgo de mi impresión hasta que una tosca voz me pide un cortado, "y rapidito que llevo prisa". Luego es otro y otro, hasta el infinito. "Welcome to the jungle pinche camarero".

Son las ocho cinco de la mañana y ya estoy corriendo (mmm, Usaint Bolt sería un gran
camarero). Cumpliendo con ésta abnegada maratón que me brinda el sustento. Aun tengo El sueño estampado en mis retinas. Es difícil ser un friegaplatos de mañanas y beodo edonista por las noches (además de ludópata futbolista y cantante frustrado). Pero bueno, calavera no chilla -¡si al menos pudiera peinarme el rostro!-. En la desesperación solo atino a beber agua. El bendito líquido vital. Trato imperiosamente que el puro brebaje, sofoque la resaca que incendia mi alma. Los minutos se han detenido. Las tostadas bailan en la plancha. Los "entrepans ams pan tomaqa", vuelan como turistas por la rambla. Todos tienen prisa. con excepción, claro, de ese puto reloj colgado encima de la cafetera.

Lo único irrefutable, es que el tiempo siempre avanza. Me concentro en mi rutina y a por ellos. Total, no soy un completo aficionado en el arte de la cafetera. He tenido mis mañanas gloriosas -generalmente trabajando con un compañero mas ducho-. Poseo mis recursos (escuálidos, pero latentes). Siempre un as bajo la manga. La buena disposición, por ejemplo, es un punto importante. Un cliente siempre te lo va a agradecer. En más de una ocasión fui a pedir algo a la barra y me atendió un pusilánime ogro. O un desdeñoso señorito olvidadizo. O una escultural camarera en uno de sus días. Todo influye y todo es relativo. Incluso la sed es relativa (Maldito Einstein).

Mi golpe fuerte es mi sonrisa. Me lo han dicho en más de una ocasión (y debo creérmelo como un dogma irrebatible, pinches cabrones). Lo malo es que cuando plego, tengo la cara acalambrada. Como si hubiese manipulado la cafetera con mis morros. Cuando hace frió me cuido de los aires. No quiero terminar como un Joker dispensador de cortados.

La Peña agradece una sonrisa afable. A las yayas les mola que les preguntes: ¿como está, como amaneció?, con la susodicha expresión en mi rostro. Al fin y al cabo es gratis.

Y en estos tiempos de crisis. Lo gratis es la mano...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Bush, Nobel de la Paz


Gracias a un amigo que trabaja en la Secretaría del Comité Nobel de la Paz, en Oslo, tuve acceso al acta de una sesión reciente. Hela aquí, aun a sabiendas de que el Comité me desautorizará. Yo me zafaré, alegando que se trata de un cuento.

Presidenta : -Queda abierta la sesión. Tiene la palabra maître Pierrot, delegado de la Liga Perpetua por la Paz, con sede en París.

Maître Pierrot : -Señor presidente, señoras y señores. Antes de someter nuestra propuesta, permitidme que presente a nuestra organización. Nuestra liga fue fundada a comienzos de 1870, y se presentó al público con un concurso para premiar la mejor obra sobre el crimen de la guerra. Una de las obras concursadas fue El crimen de la guerra , del célebre estadista argentino Juan Bautista Alberdi. Desgraciadamente, no bien se terminó el concurso, Prusia atacó a Francia y los pacifistas franceses quedaron desalentados, de modo que la liga se extinguió. Pero, recientemente, la liga fue resucitada al calor de los alarmantes rumores sobre la gestación secreta de la Tercera Guerra Mundial. Nuestra liga ha recibido la adhesión de numerosas personalidades de todos los sectores de la sociedad, incluso de eminentes profesores de ciencias políticas y de economía, habitualmente biempensantes y amigos del poder.

Presidenta : -Señor delegado, le ruego abrevie, porque la suya no es sino la primera propuesta que figura en un largo orden del día.

Delegado : -Ciertamente, señora presidenta. Voy al grano. Nuestra liga propone al ex presidente de los EE.UU., mister George W. Bush, como candidato al Premio Nobel de la Paz.

(Murmullos en la sala.)

Presidenta : -¡Silencio! ¡Orden! Como usted puede ver, maître Pierrot, su propuesta ha dejado perplejos a unos e indignados a otros. Veo que están pidiendo la palabra los delegados de Finlandia, India, Cuba y los Estados Unidos de América. Tiene la palabra el profesor Saavo, de Finlandia.

Profesor Saavo : -La propuesta del honorable maître Pierrot parece una broma, porque es sabido que mister Bush ha iniciado dos guerras, se ha inmiscuido en los asuntos internos de muchas naciones, y no ha resuelto ningún conflicto internacional.

Presidenta: -Gracias por su precisión y concisión, profesor. Cedo la palabra al delegado indio, doctor Singh Singh.

Doctor Singh : -Nuestro país, que tradicionalmente se ha mantenido al margen de todos los conflictos que no ha provocado él mismo, ha visto con alarma creciente que los dos gobiernos de mister Bush instalaron nuevas bases militares en el exterior, las que hoy llegan a un millar. Esto basta para dudar de que mister Bush sería aceptado como afiliado de su liga, maître Pierrot. Además, . . .

Presidenta: -Gracias, doctor Singh. Tiene la palabra el delegado cubano, comandante Milfuegos.

Comandante Milfuegos: -La propuesta que estamos considerando insulta al noble pueblo cubano, que ha soportado estoicamente el embargo, reforzado por el ex presidente, criminal de guerra si los hay, y, por añadidura valido de las empresas petroleras, que están . . .

Presidenta : -Gracias, comandante. Cedo la palabra al delegado norteamericano, el reverendo Jimson.

Reverendo Jimson: -La propuesta del pacifista francés es tan ridícula como esas costumbres de sus compatriotas de comer caracoles y empapar el pan con el sudor de sus axilas. George W. Bush ha sido el peor presidente de nuestra historia: el más tonto e ignorante, imprevisor e imprudente, el más fraudulento y corrupto, mentiroso y ridículo; y, en fin, el más aficionado a recurrir a las armas para inventar y resolver conflictos internacionales. ¿Cómo se puede tener la desvergüenza de proponer para el Nobel de la Paz a un individuo que...?

Presidenta: -Gracias, reverendo. Como usted puede prever, maître Pierrot, su extraña propuesta no tendrá mucho apoyo. Le ruego la fundamente con brevedad.

Maître Pierrot: -Con mucho gusto, señora presidenta. Empezaré por aclarar un equívoco. Entiendo que no nos hemos reunido para elegir al mandatario más competente, justo, virtuoso o inteligente de nuestro tiempo, ni a quien mejor haya refutado la argumentación contra la guerra del ilustre argentino, doctor Juan Bautista Alberdi. No constituimos un tribunal criminal ni trabajamos para la musa Clío.

Presidenta: -En efecto. Al grano, por favor, maître Pierrot.

Maître Pierrot: -Al grano voy. Mi liga sostiene que mister George W. Bush merece el premio Nobel de la Paz por haber hecho imposible la Tercera Guerra Mundial durante nuestra generación.

(Murmullos en la sala.)

Presidenta : -¡Silencio! ¡Orden! Prosiga, maître Pierrot. Despeje nuestra perplejidad, se lo ruego.

Maître Pierrot: -Con mucho gusto, señora presidenta. El fundamento de la propuesta de mi liga es elemental. Toda guerra en gran escala exige un tesoro público gigantesco. Ahora bien, el ex presidente Bush recibió un gobierno con un enorme excedente producido por los recortes de los gastos sociales efectuados por sus predecesores, desde Reagan hasta Clinton. Pero Dubya, como lo llaman sus allegados, se las arregló para transformar ese superávit en el mayor déficit fiscal de la historia, a saber, más de diez trillones de dólares: la unidad seguida de trece ceros. O sea, en ocho años, cargó a cada norteamericano con una deuda fiscal de unos treinta mil dólares. Lo logró disminuyendo los impuestos a los ricos, haciendo que pagaran impuestos sólo una de cada tres corporaciones, iniciando dos guerras inganables -y que sólo beneficiaron a unas pocas empresas amigas- y aumentando enormemente los gastos del Estado, tanto militares como civiles, con el pretexto del terrorismo. Para colmo, al eliminar muchos controles estatales a los negocios alentó el aventurismo y la piratería empresariales, lo que ha llevado a una grave crisis económica que se difundió por doquiera. En particular, el gobierno del ex presidente Bush facilitó la caída inesperada de Wall Street y, con ésta, la primera crisis de desconfianza mundial en el mercado libre desde 1929. En resumen, Bush va a pasar a la historia como el presidente norteamericano que más ha hecho para arruinar a la economía más poderosa de la historia, así como para desprestigiar las teorías económicas y políticas que ensalzan el mercado libre, o sea, el capitalismo desbocado.

Presidenta: -Todo eso es bien sabido, maître Pierrot, pero no constituye mérito para galardonar al señor Bush con el premio Nobel de la Paz sino, a lo sumo, el de Economía.

Maître Pierrot: -Sin embargo, es obvio, señora presidenta. Al arruinar a su país, el ex presidente Bush lo ha llevado al punto en que no podrá iniciar nuevas guerras. Ha transformado a los Estados Unidos, de la única superpotencia que era al comenzar su primera presidencia, en la mayor impotencia mundial. Es verdad que los Estados Unidos siguen amenazando a todo el mundo desde sus mil bases militares, pero no pueden hacer otra cosa que espiar, intrigar, conspirar y rugir. Todo el mundo sabe que los rugidos del gran león gringo son hoy los de una fiera desdentada. Ha sido desdentada por el más grande cirujano dental de la historia, George W. Bush, el próximo Premio Nobel de la Paz. He dicho.

Presidenta: -Gracias, maître Pierrot. A juzgar por la expresión atónita de los presentes, que concuerda con mi propio asombro, tendremos que pasar a cuarto intermedio hasta la próxima semana. Declaro levantada la sesión, y hago votos por que lleguemos a comprender su paradoja, tan gálica, y tomemos una decisión que no nos ponga en ridículo. Al fin y al cabo, la nuestra es una comisión seria, a diferencia de la del Banco de Suecia, que otorga el Premio de Economía.

(Desorden descomunal en la sala, la que se va despejando lentamente.)

By Mario Bungue.

Tio Sam