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sábado, 29 de septiembre de 2007

Crónicas de un inmigrante edonista

“Tengo un problema, pero me da vergüenza contarlo porqué se van a reír…
…estoy cesante” (Flaco, Cementerio Pal Pito II)


Acabaron las vacaciones de verano. Y con ellas se acabó el laburo. Reconozco que añoraba éste momento. Olvidarme un rato de las madrugadas, de los infantes en anfeta, de la expresión mosqueada de mi jefe, la explotación, etc. Un poco de paz, tranquilidad y tiempo libre. Alimentar de ocio al vagabundo que llevo dentro. Tirarme una sobredosis de sueño eróticos. Convertirme en el superhéroe nocturno que lucha contra la lucidez a punta de birritas bien heladas.

Pero todo en esta vida aburre. Incluso ser un indigente en mi propia habitación. “sin piñata no hay posada”, y sin dinero no hay alternativas. No hay fiesta, no hay cine, libros, ni nada. Paso a ser un exiliado en el paraíso de los paganos. Incluso ya ni a las mujeres le causas gracia. Algunas damas saben cuando el varón que tienen frente, posee una economía fundida. Como si tuvieran un séptimo sentido monetario que intuye los bolsillos inhóspitos. Entonces llega la hora de desempolvar el overol, peinarse la cara, reincidir con una ducha y salir a buscarse la vida. No sin antes crear un currículo de ficción basado en falsedades absolutas.

¿A donde dirigirse?, lo primero es Internet. Calles virtuales que recorres desde el calor de un locutorio. Lamentablemente las ofertas se repiten como películas malas en la TV. En su mayoría son trabajos por comisión. Vendedores de aire, promotores de mentiras, donante de órganos, casinos online, tramoyista de puticlub, captador de seguros, Herbalife, etc. Asea nada que suene a dinero verídico.

Mejor me lanzo a las calles. Ahí donde está gente real esperando un currante multifuncional, serio, locuaz, esforzado y proactivo.

Como yo…